Ayuntamiento de Quintanar de la Orden

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso.

Acepto

Estamos al sur de la población y naturalmente del término municipal y, como referentes, El Rollo, símbolo de jurisdicción y lugar donde se exponían al público los ejecutados, el monumento más antiguo de Quintanar. La ermita de Santa Ana y el inicio del camino del Cementerio, partiendo de lo que fuera el antiguo Campo Santo terrenos que hoy ocupa el complejo que integra la bodega de la Cooperativa, a continuación, las eras de Santa Ana, evocando la dureza de las faenas agrícolas que se desarrollaban en las mismas, hacinar mieses, tender parvas, trillarlas, allegarlas, y tan pronto se levantara el solano, sin importar la hora, a aventar; la Era de la Chirra, mitad empedrada y mitad de tierna, con su "parcilla "elevada, que para los muchachos de los años 50 nos trae recuerdo de convertirla en cancha de fútbol las tardes de los domingos.

Una pequeña caminata y estamos en El Pradillo, con Ias charcas de Gil y Pinilla, para nosotros "Gilipinillas", al fondo, y el Charco de la Blanca, antigua laguna de Navablanquilla, que se alimentaba las aguas del arroyo, siguiendo el curso de este último hasta el Gigüela, terrenos éstos que representan los suelos endorreicos del término junto con otro próximo a la Carretera de La Puebla, conocido como Las Charcas, cuyo nombre indica su condición.

Pero avancemos por el orden que nos habíamos propuesto, es decir siguiendo la dirección de las manecillas del reloj, y de esta manera nos tropezaremos en primer lugar con el camino del Alto Blanco, del que se bifurca primero el de la Mesa de Ortiz, y por último el del Pozo de los Machos, encontrándose dicho pozo en término de El Toboso, aunque de sus aguas se han aprovechado muchos establecimientos quintanareños, sobre todo las destilerías y fábricas de licores. El primero de los caminos citados arranca desde las proximidades de la Era de Marín, y más delante el paraje conocido como Corvera, antropónimo para mí de origen desconocido, y que bien pudiera corresponder a Corvera de Asturias, ya que según Jiménez de Gregorio en tiempos de colonización de estos campos manchegos, al parecer tuvo Quintanar “una repoblación de asturianos". A juzgar por la expresión de los arrieros quintanareños "cargó en corbera", para referirse a una mujer de exuberante delantera, debían constituir y digo debían porque son ya suelo urbano, tierras generosas en cosechas, por su condición de cañada, porque también es conocido como la Cañada de Vedija, que atraviesa el lugar donde hoy se encuentra la Residencia de la Tercera Edad. El camino de la Losilla, que va dar al paraje del mismo nombre (losilla: piedra plana) sale de las proximidades de la Plaza de Toros.

Por la Carretera de El Toboso, y a la derecha de la misma, donde hoy se ubican varias naves industriales, Los Blancares, cuyo suelo está compuesto, como se desprende de su denominación, por calizas arrastradas, allí se encontraba un navajo, como todos ellos abrevadero de ganado, sobre cuyas aguas se formaba en los crudos inviernos una espesa capa de hielo que los chicos aprovechábamos las tardes de los domingos patinando sobre ella.

Entre las carreteras de El Toboso y Miguel Esteban, el camino que nos conduce a El Toconar, del fitónimo lugar de tocones, es decir, olivar formado por renuevos de tocones (tocón: parte del tronco de un árbol que queda unido a la raíz cuando se le corta el pie). También es conocido este paraje por Las Pradas (prada sinónimo de prado).

De este camino se bifurca el del Pozo del Rebollo, situado completamente al sur del término, seguimos al historiador Jiménez Gregorio para aclarar este topónimo: “«arbusto del roble, según Colominas es palabra antiquísima que figura en todos los idiomas peninsulares, para unos es sinónimo de la encina, para otro sinónimo de roble ", cerca de este camino se encuentra la Casa de las Torteras, y bastante más adelante el Chozo de Pepe Nieto. Paralelo al de Toconar a la derecha, el Camino de la casa de Vallejo que sale del camino de Miguel Esteban.

Buen terreno al que acabamos de referimos, compuesto por una arena muy fina, de gran calidad. Fértil para la siembra y apto también para el viñedo.

Del camino del Cementerio parte el camino de la Rula y el que conduce al Pradillo, y es que mirando el mapa la forma de estos caminos es la del palo, encorvado por uno de sus extremos, con el que se juega, se jugaba, a la rula, diversión de antaño. El camino de la Rula cruza desde el Camino del Cementerio al camino de Quero, pasando por la Casa de los Naveros y La huerta del Rano, terreno muy fértil y apto para hortalizas por lo someras que están sus aguas. El otro nos lleva al Pradillo y a Gilipinillas, parajes de los que ya hemos hablado y lugar donde se encontró el Ídolo del Pradillo, que junto con el hacha a que se ha hecho referencia de la misma época constituyen los más antiguos vestigios del paso del hombre por estas tierras. Estos pastizales de Navablanquilla, (nava: terreno llano) que pertenecieron al Común desde el siglo XV, fueron un semillero de pleitos entre los ganaderos ricos y arrieros cuando estos últimos pretendían que en ellos pastaran sus recuas de ganados, y que fueron vendidos por el Ayuntamiento en la Guerra de la Independencia para hacer frente a las exigencias de los franceses.

Para no pocos, desde luego todos peinando canas, el recuerdo de esta zona es como el de esparcimiento de la población, de forma muy modesta eso sí, pues las dos charcas de Gil y Pinilla eran lugar de baños, hubo un tiempo que hasta cobraban por ello, bañándose en la más pequeña las mujeres y en la grande los hombres, incluso dicen que había chiringuitos donde vendían agua de cebada; también atribuían propiedades medicinales el cieno de aquellas charcas. Al Pradillo acudían las gentes de Quintanar a dar cuenta de sus hornazos, tras haber manteado al pelele por la mañana, la tarde del Domingo de Resurrección. Hoy la depuradora ubicada en las proximidades de aquel terreno lo hacen completamente irreconocible.

Hay un camino paralelo a la carretera de Miguel Esteban, completamente recto, cosa insólita, pues lo normal es que un camino serpeé, como diría el poeta. Se trata del camino de la vía vieja, antiguo trazado de lo que iba destinado a vía de ferrocarril que no llegó a realizarse, pero sí se explanó el terreno para la vía férrea que uniría nuestro pueblo con Alcázar de San Juan, pasando naturalmente por Miguel Esteban; proyecto del año 1.869, que fracasó motivado por un embargo que se llevó a cabo sobre la empresa constructora, un débito que tenía al parecer con un comercio de Madrid, lo que dio lugar a que el Alcalde de Quintanar le retirara la subvención, y así nos quedamos sin tren hasta la fecha que figura en el primer capítulo, 9 de enero de 1909, es decir cuando se inauguró la línea férrea Quintanar-Villacañas.

De la carretera de La Puebla a la izquierda nada más pasar el convento de las Trinitarias sale el Camino de Quero, vía por la que nuestros pastores emprendían la trashumancia hacia Tierra Baja; a escasos metros de su comienzo se bifurca el camino de La Blanca. Las tierras de La Blanca, junto con las de Bótar son las más fértiles del término, tierra mollar y oscura que han proporcionado siempre buenas cosechas de cereales y en los tiempos más recientes de remolacha y maíz. Del camino de la Rula sale el de El Chillón, también tierra de buena calidad. La voz “chillón" es un derivado de “chilla”, con la acepción de, según Jiménez de Gregorio, "ingenio usado por los cazadores para imitar el chillido de ciertos animales de caza», es un antropónimo pues no parece que se trate de una voz onomatopéyica

Y para terminar finalizamos nuestro recorrido en Vallehermoso, al que conduce el camino de su propio nombre que partía de lo que hoy es la calle también con la misma nomenclatura, del latín "vallis formosus "paraje en el que estuvo ubicado el antiguo poblado que nos recuerda la presencia romana en nuestras tierras, de los que arrancan nuestros cultivos tradicionales, cereal, olivo y vid. Los utensilios y aperos agrícolas que han venido utilizándolos agricultores manchegos hasta la mecanización de los años 60 han sido prácticamente los del legado romano. Los moradores de aquel poblado se dicen que abandonaron sus tierras y se trasladaron al Quintanar buscando un lugar con agua más abundante y mejores condiciones de salubridad. Se han encontrado en Vallehermoso ladrillos, monedas o algún utensilio de barro que debe estar en colecciones particulares.

Acabado el recorrido volvemos por la carretera de La Puebla recordando a Cervantes, ya que en ella sitúa la salida de los peregrinos de nuestro pueblo en su obra póstuma« Los trabajos de Persiles y Segismunda"y recordando desde luego a todos los que han venido poblando estas tierras desde los celtas hasta los inmigrantes rumanos, algunos de los cuales se vienen ocupando en la actualidad de la poda, vendimia y demás labores agrícolas, pasando naturalmente por todos aquellos que a lo largo de los siglos dejaron su huella por estos campos forjando la idiosincrasia de los quintanareños.

Julián López-Brea Justo

0
0
0
s2sdefault