Ayuntamiento de Quintanar de la Orden

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Iniciamos este segundo recorrido avanzando hacia el Norte. Apreciando, en primer lugar, lo mucho que ha crecido el pueblo en esa dirección, un entorno urbano que se inició a comienzos de los años treinta con la construcción del Grupo Escolar Colón Viejo y apertura de los Paseos para acceder al mismo, y hoy ha rebasado el antiguo campo de futbol por un lado y la Ermita de la Virgen por otro.

En efecto, en los años veinte el pueblo se acababa en la calle Tejero, el callejón de los Radas desembocaba en campos de labor; huertas en su mayor parte, recordamos que no hace tanto tiempo el terreno donde hoy se alza el Colegio Ntra. Sra. De los Dolores, es decir, el de los Frailes, fue la Huerta de Lodares, y frente a la misma una tierra de Don Rafael del Águila donde se ponía la ola, el trenillo, los coches eléctricos, y demás atracciones de feria, incluso lo convertimos en campo de fútbol, cariñosamente llamado el "futbolín" por sus exiguas dimensiones.

Separaba estas fincas de la Huerta de Vela y de la del Aceitunero el arroyo, canalizado sólo en su travesía por los Paseos. Sobre la Huerta del Aceitunero se construyó el grupo de viviendas unifamiliares “José Antonio” a caballo entre los años cuarenta y cincuenta; en el arco de acceso desde los Paseos, en la actualidad de Juan Carlos I a la Plaza Felipe Villa, se aprecia una elevación: se trata del lugar donde estaba situado el andén del pozo de noria que no se desmontó al construir las casas.

Atravesarnos la calle Ramón y Cajal, que siempre hemos conocido como la Carreterilla, que una Corporación de la Dictadura de Primo de Rivera tuvo a bien abrir al dejar como peatonales los tres Paseos de Colón, sirviendo el central en otros tiempos de paso de vehículos, generalmente cabrias procedentes de las bodegas, desde la parte más alta del pueblo a la estación de ferrocarril, para lo que en su momento se abrieron, y contemplamos frente a frente el Grupo Escolar, construido sobre el Huerto de Gárnica, llamado así porque perteneció a D. Agustín Gárnica, Alcalde de principios del siglo XX, y El Parque, antigua huerta municipal que explotaba un particular en arrendamiento, hasta que un Ayuntamiento de finales de los años 40 decidió convertirlo en el hermoso parque-cuando no lo deterioran los gamberros-que hoy podemos contemplar.

Rebasamos los paseos de Colón y nos encontramos en la Hoya de San Bartolomé, paraje al que da nombre su forma de relieve, es lo que se llama un orónimo, y por estar ubicado en él la desaparecida Ermita de San Bartolomé, dedicada a la advocación de este Santo, más o menos donde hoy se encuentra la Biblioteca Municipal, y de la que sólo nos queda el nombre de la calle. Tierra un tanto dura, pero de buena calidad, aunque por su forma se inunda cuando llueve en cantidad. Al final de los años 40, cuando la feria se trasladó a Colón, se instaló un circo en aquella zona, y la inundación que pro- dujo el agua que descargó la tormenta puso en peligro a las fieras del circo, hasta el extremo que estuvieron a punto de ahogarse, trasladándose las jaulas a la posada de Rafael Puntero.

La Huerta de Quilis, siempre sembrada de alfalfa, y más delante las eras del norte, olor a mieses y a solano en lo que Cervantes llamaba “tiempo de los calustros del verano", y entre las eras se abre paso el Camino del Cervero, antropónimo emblemático en nuestra geografía, ya que se trata de la vía que conduce al molino harinero de ese nombre existente en el Cigüela, que es tanto como decir la ruta del pan blanco que en tiempo de estiaje del río había que acudir hasta el propio Tajo para moler. “Vase á moler de él á la Ribera del Río Jiguéla que es el de arriba, e cuando este se seca se va al río Tajo, que es nueve leguas de esta villa "(Relaciones topográficas de Felipe II). Carros y galeras transportando el candeal para la molienda, pensando en alimento antaño tan preciado que cuando una hogaza caía al suelo se besaba antes de comerlo. Y para llamar a alguien inútil se utilizaba la expresión "lástima de pan que te comes "

Constituía también El Cervero la ruta de los bañistas, de los muchachos que acudían a él en bicicleta a chapuzarse en ese pequeño embalse que se formaba en las proximidades del molino, en el lugar al que daba nombre un pino solitario, y en las fiestas más señaladas del verano, es decir en aquellas que era obligatorio que cesaran las labores agrícolas en la canícula de julio, que no eran otras que el día 18 de ese mismo mes y el día de Santiago, se convertía el camino en una auténtica romería, galeras y carros atravesando la Huerta de Marín, y los viñedos de la Hontanilla (cuyo significado es fuente o manantial pequeño), paraje en donde se encuentra el pozo del mismo nombre para abrevadero, como todos ellos, del ganado. Terreno arenoso y fresco éste de la Hontanilla, tierra de inferior calidad, pero apta para la plantación de viñedo.

Paralelo al Cervero, el camino de Lavauva, que también atraviesa el paraje antes mencionado, y siguiendo por el mismo se llega a un pozo también conocido como Pozo de Lavauva, desembocando después en el Molino de la Trapera, ya en término de Villanueva de Alcardete. Curioso topónimo éste de Lavauva, pues siempre me llamó la atención tal denominación, ya que es evidente que la uva no se lava, en todo caso el continente de la misma, es decir, seras y espuertas, por lo que para mí fue siempre una incógnita que se ocupó de despejarme Julio Botija, quien me reveló su significado, según explicación -me dijo- le había dado el filólogo Moreno Fernández, y es que al parecer en las proximidades del pozo había un nido de búhos o aves de esa familia; en Zoología, “bubo" es el género de aves estringiformes de la familia estríngidos, cuya especie más conocida es el búho real por lo que el femenino de este tipo de ave sería buba, y así en origen la denominación sería el pozo de la buba, convirtiéndose en su actual denominación por deformación del lenguaje.

El primer tramo del camino de Lavauva lo constituye el Boleo o camino del Boleo, paralelo a la actual Avda. de los Reyes Católicos, ya que esta primera parte del camino se utilizaba para el boleo, juego ya en desuso consistente en arrojar o tirar bolas de hierro apostando quien las arroja más lejos. El tramo al que nos estamos refiriendo era idóneo para ello ya que las bolas rebotaban en su suelo peñascoso. Un día tradicional para este tipo de competición era la mañana del Viernes Santo en el que los más afamados boleadores, como el tío Merendera, dueño de una taberna al comienzo de la calle del Carmen, o el gitano Tímbula, competía en los lanzamientos que comenzaban en las tapias del Asilo. Una frase quedó en el pueblo para indicar el mal comienzo en cualquier actividad "has tenido la entrada del Chonflo en el boleo", al parecer no le había dado tiempo a lanzar la primera bola cuando ya le había alcanzado otra en la cabeza.

A la derecha del Boleo la ermita de La Piedad, de un tiempo a esta parte denominada de extramuros, construida en el año 1.863 sobre lo que fuera ero de Santa María. De la propia ermita parte un camino que a los pocos metros se bifurca, por un lado se convierte en el Camino del Molinillo, y por otro en el del Chozo de Verduguillo, que muere en el camino que va a la Casa Antoñón, Alto Bótar. En el inicio de este camino hay una cruz de piedra, La Cruz de Librado, levantada porque allí volcó el carro que conducía quien así se llamaba y en el siniestro encontró la muerte. Sale también de este camino el de San Jorge que nos lleva al pozo del mismo nombre. En él la leyenda sitúa la caída de un rochano al pozo cuando abrevaba el ganado. Alguien que después no pudo ser identificado montado sobre un caballo blanco y con un atuendo inusual avisó al mayoral del ganado que logró salvarlo. El hecho ocurrió precisamente el 23 de abril día de la festividad de dicho santo, patrono de Inglaterra, Portugal, Cataluña, Aragón y Villanueva de Alcardete, y mártir cristiano del siglo II en las persecuciones de Diocleciano.

En el Pozo Verduguillo se encuentra hoy el helipuerto. y a unos 300 metros del mismo estuvo situado en otros tiempos el quemadero de mulas, aprovechando los residuos para obtener grasas para los arreos. actividad que llevaba consigo un olor nauseabundo, que hacia sumamente desagradable atravesar sus cercanías.

Todo el terreno del término se lo repartían los pastores para el aprovechamiento de Ios pastos en los que ellos llamaban “el pedío" o los "quintos". Transcribimos para damos idea de esta práctica del Libro de Pastos un apartado referente a esta zona. Dice así “Rufina Primero Camino del Boleo y toma el carril del Verduguillo al pico de la viña de Bigote, en línea recta a las piedras de Perico el Mono, a la casa de Josefillo y carril del Molinillo adelante al Pico de la viña de Quilis y en línea recta al camino de Lavauva adelante".

Julián López-Brea Justo

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