Cronista de la Villa

San Isidro Labrador y Quintanar de la Orden

Nacido en Madrid a finales del siglo XI, San Isidro es conocido no sólo como el patrón de la capital de España, sino también de los labradores, por la profesión que durante gran parte de su vida desempeñó, aunque parece que antes había sido pocero, como su padre, y de gran fama. Sus biógrafos lo describen como un hombre humilde, ejemplar y muy devoto, además de muy bondadoso con los pobres.

Se trata de uno de los santos más populares de nuestro país y eso ha hecho que se hayan creado diversas narraciones, muchas de ellas inventadas, sobre su vida. De todas ellas, la más conocida es la que se refiere a los bueyes que araban el campo mientras San Isidro rezaba. Era un hombre muy piadoso y todos los días iba a la iglesia a orar, lo que hacía que a veces llegara tarde al trabajo. Sus compañeros se lo dijeron a su señor y éste, un buen día y con la intención de sorprenderle, se escondió para comprobarlo. Sus ojos no daban crédito cuando vieron cómo los bueyes araban mientras San Isidro llegaba hasta allí. También es conocida la historia que habla de cómo en un año de gran sequía el Santo golpeó con su azada la tierra haciendo salir una gran fuente de agua que abasteció a todo el pueblo de Madrid.

Estos y otros prodigios, entre ellos el milagro de la sanación del rey Felipe III (1578-1621) con la sola presencia de sus restos incorruptos, hicieron que en 1619 el Papa Paulo V le beatificara y, tres años más tarde, el Papa Gregorio XV lo canonizara, junto a Santa Teresa de Jesús y otros santos tan españoles como San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Su protección a campesinos y labradores no fue declarada hasta el siglo XX por el Papa Juan XXIII, pudiéndosele invocar desde entonces para que llueva y se tenga una buena cosecha.

Por otra parte, de todos es sabido que estuvo casado con una sencilla y virtuosa mujer con la que compartía su vida piadosa: Santa María de la Cabeza, de la que algo se sabe gracias al proceso de canonización de su esposo. Dedicó gran parte de su vida a cuidar la ermita que había en uno de los pueblos donde vivió con San Isidro. Estando en ella, dicen que un ángel la avisó de que el Santo se encontraba moribundo en Madrid, y allí regresó para acompañarle hasta su muerte en 1130. Unos años más tarde, ella murió y, según la tradición, su cabeza fue depositada a los pies de la imagen de la Virgen que se encontraba en la ermita. Durante mucho tiempo, la reliquia de la Santa obtuvo gran veneración y fama por los milagros que se le atribuyeron, hasta el punto de que la ermita pasó a llamarse de Santa María de la Cabeza. Finalmente, fue beatificada en 1697 por Inocencio XII y canonizada por Benedicto XIV, en 1752. Tras distintos traslados, los restos de ambos se encuentran en la Colegiata de San Isidro el Real de Madrid.

En Quintanar de la Orden se viene celebrando la festividad de San Isidro desde hace muchos años. Y no podía ser menos, ya que nuestro pueblo ha sido agrícola desde sus orígenes. El célebre historiador Juan Martín de Nicolás nos dice que “los primeros quintanareños eran colonos venidos a labrar tierras ajenas por las que pagaban la renta del quinto” (de ahí lo de Quintanar).

Durante mucho tiempo, los labradores quintanareños han mantenido una tradición que ha hecho de esta fiesta la más particular de las que se dan en nuestro pueblo.

Es la única ocasión en el año en la que los vecinos de la villa van en romería hasta la ermita del Santo por ser la única, también, que se encuentra en sus afueras. Pero no queda ahí la cosa. Entre las distintas actividades desarrolladas con motivo de la fiesta, está, también, el único desfile de carrozas que se celebra en Quintanar. Os invito a mantener viva una tradición que es única en este pueblo y que tiene sentido por darse en honor a un Santo tan cercano y tan nuestro.

Isabel Villaseñor Rodríguez

Cronista Oficial de la Muy Leal Villa de Quintanar de la Orden

Publicado en el libro de festejos de 2015

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